sábado, 2 de febrero de 2013

Represión capitalista

Hace apenas cuatro semanas Alfon fue puesto en libertad.

Durante casi dos interminables meses, desde el mismo momento de su secuestro por parte de la Policía Nacional el 14N, se activan los mecanismos que darán comienzo a una incansable y necesaria campaña pidiendo su liberación. Posiblemente no fue solo la protesta en la calle lo que sacó a Alfon de la cárcel, pero ha sentado las bases de un cambio que empezaba a ser evidente: el pueblo empieza a verse reconocido o empatiza cada día más con las víctimas de la represión burguesa.

Sin duda, de algún modo avanza el nivel de concienciación, pues a la vez que se deterioran las condiciones de vida de toda la sociedad, se establece un rasero que equilibra y ajusta a los que nunca fueron más que clase obrera. Es por eso, que muchos de los que antes permanecían impasibles ante los ataques a la clase trabajadora ahora empiezan a darse cuenta de con quién tienen que estar para salir adelante

Es evidente que no van a regalarnos lo que queremos, que ellos saben defender sus privilegios tan bien como nosotros debemos aprender a arrebatárselos. En una fachada democrática, su fuerza es el engaño, la policía y una represión "humanitaria", como dirían en sectores de ese reformismo tan rancio que conocemos

Lo que subyace detrás, la auténtica dictadura del capital que opera por encima de todo, no escatimará en medios para seguir subsistiendo. Veremos como la serpiente se revuelve en su agonía dando coletazos furiosos, quitándose la máscara y haciéndose ver como realmente es.
Pero las tácticas represivas del capitalismo tienen diversas y diferentes formas de golpear a la clase obrera:
Es habitual ver, por medios de comunicación burgueses, las golpizas recibidas por manifestantes, retenciones agresivas, incluso detenciones dolorosas, pero todo el conglomerado represivo, que puede ir desde una simple multa hasta encarcelamientos de larga duración, no son ni más ni menos que obras minuciosamente diseñadas para amedrentar y coaccionar al pueblo.
No es casual, ni al azar, la detención de cierto individuo perteneciente a una organización determinada.
No es casual tampoco, ilegalizar una organización, la difamación a sindicatos o partidos, la persecución de activistas, las multas a precisos organizadores, el aumento de patrullas, el aumento de cámaras de vigilancia, y el aumento en sí, de todo el despliegue extendido, con la única intención de reprimir al trabajador y la trabajadora.
Las medidas represivas avanzan a una velocidad desenfrenada, como desenfrenado es el deterioro del sistema que permite a las oligarquías mantener su poder. La respuesta a los secuestros de nuestros hermanos proletarios, que viven en nuestros barrios, que son los mismos esclavos que nosotros, con los mismos amos, debería empezar a ser una realidad común, puesto que no han acabado con nosotros. Y no lo harán hasta el final, hasta su derrocamiento por una clase obrera, revolucionaria y organizada.
Con esto quiero decir que solo dentro de una organización, es posible la defensa férrea, en caso de encontrarnos en una situación en la que somos victimas de una u otra forma, de la represión capitalista.
Nunca se debería haber permitido, pero menos en estos días, en que la lucha de clases se hace más violenta, la falta de organización, coordinación y cooperación entre los miembros de una misma zona de combate. Ahora no se puede ir a una manifestación, con tu amigo de toda la vida para dar un paseo por la capital. No se puede ejercer de piquete, por ejemplo, sin el trabajo previo de preparación y coordinación entre compañeros.
Dejamos atrás los días en el que veíamos a estudiantes sentados en el suelo, dejándose golpear por el acero de los anti-disturbios.
Los días que se presentan ya no consienten ver como detienen a jóvenes, mientras sus compañeros se quedan mirando. Son días de organización, de convertir el miedo colectivo, en rabia sostenida dirigida contra la raíz de nuestros problemas.
La clase trabajadora, posee las herramientas, que el capitalismo le ha impuesto para trabajar.
Estamos en centros de estudios, en puestos de trabajo, y/o en la calle, con personas que padecen nuestros males, que le frustra lo que a todos, y que siente como la mayoría. No es momento de quejarse, ni de las charlas de bares, es la hora y el lugar, para dar forma a nuestros problemas, juntarnos, organizarnos y luchar contra la clase dominante por el bien del pueblo y de la clase obrera.
¡QUE VIVA LA LUCHA, DE LA CLASE OBRERA!
¡CAPITALISMO, UN CÁNCER A EXTIRPAR!

No hay comentarios:

Publicar un comentario