Hace apenas cuatro semanas Alfon fue puesto en libertad.
Durante casi
dos interminables meses, desde el mismo momento de su secuestro por
parte de la Policía Nacional el 14N, se activan los mecanismos que
darán comienzo a una incansable y necesaria campaña pidiendo su
liberación. Posiblemente no fue solo la protesta en la calle lo que
sacó a Alfon de la cárcel, pero ha sentado las bases de un cambio
que empezaba a ser evidente: el pueblo empieza a verse reconocido o
empatiza cada día más con las víctimas de la represión burguesa.
Sin duda, de
algún modo avanza el nivel de concienciación, pues a la vez que se
deterioran las condiciones de vida de toda la sociedad, se establece
un rasero que equilibra y ajusta a los que nunca fueron más que
clase obrera. Es por eso, que muchos de los que antes permanecían
impasibles ante los ataques a la clase trabajadora ahora empiezan a
darse cuenta de con quién tienen que estar para salir adelante
Es evidente
que no van a regalarnos lo que queremos, que ellos saben defender sus
privilegios tan bien como nosotros debemos aprender a arrebatárselos.
En una fachada democrática, su fuerza es el engaño, la policía y
una represión "humanitaria", como dirían en sectores de
ese reformismo tan rancio que conocemos
Lo que subyace
detrás, la auténtica dictadura del capital que opera por encima de
todo, no escatimará en medios para seguir subsistiendo. Veremos como
la serpiente se revuelve en su agonía dando coletazos furiosos,
quitándose la máscara y haciéndose ver como realmente es.
Pero
las tácticas represivas del capitalismo tienen diversas y diferentes
formas de golpear a la clase obrera:
Es
habitual ver, por medios de comunicación burgueses, las golpizas
recibidas por manifestantes, retenciones agresivas, incluso
detenciones dolorosas, pero todo el conglomerado represivo, que puede
ir desde una simple multa hasta encarcelamientos de larga duración,
no son ni más ni menos que obras minuciosamente diseñadas para
amedrentar y coaccionar al pueblo.
No
es casual, ni al azar, la detención de cierto individuo
perteneciente a una organización determinada.
No
es casual tampoco, ilegalizar una organización, la difamación a
sindicatos o partidos, la persecución de activistas, las multas a
precisos organizadores, el aumento de patrullas, el aumento de
cámaras de vigilancia, y el aumento en sí, de todo el despliegue
extendido, con la única intención de reprimir al trabajador y la
trabajadora.
Las
medidas represivas avanzan a una velocidad desenfrenada, como
desenfrenado es el deterioro del sistema que permite a las
oligarquías mantener su poder. La respuesta a los secuestros de
nuestros hermanos proletarios, que viven en nuestros barrios, que son
los mismos esclavos que nosotros, con los mismos amos, debería
empezar a ser una realidad común, puesto que no han acabado con
nosotros. Y no lo harán hasta el final, hasta su derrocamiento por
una clase obrera, revolucionaria y organizada.
Con
esto quiero decir que solo dentro de una organización, es posible la
defensa férrea, en caso de encontrarnos en una situación en la que
somos victimas de una u otra forma, de la represión capitalista.
Nunca
se debería haber permitido, pero menos en estos días, en que la
lucha de clases se hace más violenta, la falta de organización,
coordinación y cooperación entre los miembros de una misma zona de
combate. Ahora no se puede ir a una manifestación, con tu amigo de
toda la vida para dar un paseo por la capital. No se puede ejercer de
piquete, por ejemplo, sin el trabajo previo de preparación y
coordinación entre compañeros.
Dejamos
atrás los días en el que veíamos a estudiantes sentados en el
suelo, dejándose golpear por el acero de los anti-disturbios.
Los
días que se presentan ya no consienten ver como detienen a jóvenes,
mientras sus compañeros se quedan mirando. Son días de
organización, de convertir el miedo colectivo, en rabia sostenida
dirigida contra la raíz de nuestros problemas.
La
clase trabajadora, posee las herramientas, que el capitalismo le ha
impuesto para trabajar.
Estamos
en centros de estudios, en puestos de trabajo, y/o en la calle, con
personas que padecen nuestros males, que le frustra lo que a todos, y
que siente como la mayoría. No es momento de quejarse, ni de las
charlas de bares, es la hora y el lugar, para dar forma a nuestros
problemas, juntarnos, organizarnos y luchar contra la clase dominante
por el bien del pueblo y de la clase obrera.
¡QUE
VIVA LA LUCHA, DE LA CLASE OBRERA!
¡CAPITALISMO,
UN CÁNCER A EXTIRPAR!
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