ABARATAN
NUESTRO PRECIO: LA LOMCE
La
juventud de extracción obrera ya tiene un nuevo cauce para su
explotación.
Desde
la agudización de las consecuencias negativas para la clase obrera
que caracterizan este período de crisis estructural del capitalismo,
los jóvenes de los barrios obreros asistimos atónitos al
espectáculo de vernos reducidos a una mercancía cada vez más
barata. En un periodo en el que la superproducción obliga a la
destrucción
masiva de fuerzas productivas.
Es el
momento de reducir el coste de nuestra fuerza de trabajo, de las
horas de vida
que entregamos al empresario para poder sobrevivir,
y se pusieron a ello con ganas: la última reforma laboral ha
pulverizado los convenios y la negociación colectiva, abre la veda
por la lucha fraticida a cambio de un puesto de trabajo odioso y abre
también, la puerta de lo que se suele llamar “la puta calle” con
indemnizaciones de risa.
Ya
ha llegado la hora de ser ese producto barato,
pero de mejor calidad en el que nunca nos hemos convertido. No
obstante, sería muy ingenuo pensar que el coste único de la
reproducción de nuestra fuerza de trabajo es el contrato laboral
(por llamarlo de algún modo) que firmamos con la burguesía. Ese
coste lo vamos reclamando desde nuestra aparición en la sociedad. Un
coste antes garantizado por lo que muchos se empeñaron en llamar
“Estado del bienestar”, pero que no respondía más que a la
táctica capitalista de ocultar las, en ese momento menos evidentes,
contradicciones de clase y oponer ese fugaz estatus de vida al de los
países socialistas.
Esto
respondía al mantenimiento de una sanidad y una educación pública
que proyectaba sobre nosotros esa ilusión de ser “ciudadanos”,
de formar parte de un sistema que nos protegía de la ignorancia, de
la enfermedad, precisamente por ser Estado. Muchos, hasta ahora, no
fueron conscientes de que el proyecto del capital monopolista
coincide con los de la democracia burguesa, ahora extendida a toda
Europa, y siempre será así dentro del capitalismo.
Efectivamente,
servicios públicos son ahora el objetivo a abatir de la oligarquía.
En el caso de los jóvenes, es
especialmente sangrante la última ley promovida por el ministro de
Educación,
Wert, de “mejora” de la calidad educativa. Entra en la lógica
capitalista que, en un mercado laboral saturado, hay que ser muy
selectivos a la hora de que la administración invierta por uno u
otro sujeto, por un explotado en potencia al que habrá que
condicionar, a cambio de beca, para dar buen rédito económico a los
mismos que restringen el acceso al estudio de los que fueron sus
compañeros, que echan a nuestros vecinos de sus casas, que nos
privatizan hospitales... En fin, ellos ya llevan años a la ofensiva
en esta eterna lucha de clases.
Así,
con la nueva LOMCE, consiguen mantener a título casi simbólico el
servicio de educación gratuíta para ofrecer
ese mínimo de paternalismo estatal sin el que no podrían seguir
imponiendo sus duras medidas antiobreras.
Eso sí, estamos hablando de un servicio que roza lo caritativo.
Caritativo para todos aquellos a los que no se les atisben actitudes
que decidan a la administración invertir en él a modo de becas o
mediante su derivación a centros públicos o concertados de “mayor
categoría”.
Sí,
ahora la diferenciación entre centros donde haya inversión pública
es cada vez mayor y responde a una clara segmentación por motivos de
la futura rentabilidad que puedan ofrecer a la oligarquía: ahora los
directores, entendidos desde la próxima aprobación de esta ley como
simples gestores sin necesidad de ser docentes, podrán elegir qué
alumno va a formar parte de su centro. Para esto tendrán la ayuda de
agencias privadas que, mediante dos nuevas reválidas (al final de
sexto de primaria y al terminar cuarto de secundaria) valorarán el
potencial del alumnado, según los intereses del momento. Una
empresa acotará las oportunidades de cualquier alumno que no se
pueda pagar una educación privada.
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| CJC MURCIA |
Significativo
también de la prisa que tienen por optimizar lo que pueden exprimir
de nosotros antes incluso de incorporarnos al mundo laboral, son los
nuevos itinerarios de la educación secundaria, con un recorrido
acortado en la mitad de lo que teníamos antes, obligándonos a
decantarnos por la Formación Profesional o el Bachillerato a la edad
de 15 años y reduciendo el nivel de la titulación mínima, que
podrá obtenerse tras superar segundo curso de secundaria y que
prácticamente, lo único que certifica es que eres capaz de respirar
y caminar al mismo tiempo.
Quieren
que engrosemos cuanto antes las filas del ejército de parados
que tienen en reserva en nuestros barrios, quieren que nos unamos a
ellos para que la oferta siga manteniendo a la baja el valor de
nuestra fuerza de trabajo.Pero no saben que ese ejército será el
que se alce contra ellos.
Lo
primero, ser conscientes de para qué nos quieren, que nos engordaban
para llevarnos al matadero y ya, ni eso. Ahora el matadero está en
todas partes. Por ello, urge organizarse y plantar cara al nuevo
ministro aliado del capitalismo, y contra la nueva ley educativa que
aboga por la esclavitud.
Si nos organizamos lo somos todo,
sino, ellos se encargarán de que no seamos nada.
Construyamos
movimiento, salgamos
el 14 de marzo a las calles
para defender nuestra educación y, después sigamos construyendo y
fortaleciendo lo ya conseguido. Hagamos proliferar las asambleas,
unamos nuestra lucha a la de los trabajadores, parados, jubilados,
para sentirnos todos parte de ese ejército popular que lo cambiará
todo y que empieza a conocerse a sí mismo mediante el arma de la
organización.
¡EN CADA
CENTRO DE ESTUDIO!
¡JUVENTUD
COMUNISTA!




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